El Sub 20 perdió ante Corea del Sur y cada vez es mas dificil que llegue a clasificar para el Mundial

23.05.2017

 

 

No alcanzó el asalto del final, ahí cuando perdida por perdida, después del 0-2 con el que se fue al descanso, la Argentina se dio cuenta que la aventura por el Mundial Sub 20 de Corea del Sur empezaba a esfumarse. No fue suficiente el cambio de actitud para encarar el segundo tiempo, donde los ingresos de Mansilla y Torres resultaron la energía que el equipo no tuvo contra Corea del Sur ni tampoco en el debut frente a Inglaterra. La selección paga un alto costo ante cada error y no tiene la efectividad que se necesita para quebrar la resistencia de los rivales: entre lo que pena y la poca contundencia, los resultados no pueden acompañarla. La caída 2-1 frente a los locales es mucho más que un tropiezo, el segundo en los dos partidos jugados por el Grupo A, es prácticamente el sello de despedida en el pasaporte del suelo asiático. Sin puntos, última en el grupo, deberá superar por varios goles a Guinea, dentro de tres días en Jeju, y esperar que los demás resultados la acompañen para ser uno de los cuatro mejores terceros.


La contundencia y la efectividad de los rivales ante un equipo que es anémico en ofensiva y con errores gruesos en la defensa, el argumento que llevaron a la Argentina a perder los dos juegos que disputó. Corea del Sur, al igual que Inglaterra, hace tres días, en su primera llegada fue punzante y hundió el cuchillo en un cuerpo que, como en el debut, no tuvo músculo para soportar la estocada. Un juego intrascendente, de área a área, se rompió con una cortina de Cho Youngwook sobre Foyth y la corrida de Lee Seungwoo, que al pisar el área definió con una sutileza ante el desesperado achique de Franco Petroli. El arquero, apurado en la salida, le simplificó la definición al talentoso y carismático futbolista coreano, que juega en Barcelona.


Así de simple fue Corea del Sur, un conjunto ordenado, que tiene en Kim Seungwoo a un zaguero que se posiciona por delante de las línea de sus compañeros para ser un volante cuando el equipo trepa la cancha y un defensor más, para armar una zaga de cinco hombres, cuando es atacado. Si el N°19 es el elástico para los de atrás, entre Paik Seungho, Lee Seungwoo y Cho Youngwook tienen el ingenio para repartirse la tarea ofensiva. Y lo hacen con jerarquía, no resulta una casualidad que dos de ellos estén en Barcelona.


 

 


Mientras la Argentina en el primer tiempo mantenía ese movimiento cansino y monótono que la adormeció con los ingleses, apenas un disparo de Palacios, de escaso peso en la conducción, la sacudió en ataque. Pero esa tibieza contrastó con la profundidad coreana: Lee Seungwoo se filtró entre los centrales y Petroli lo anticipó yendo al piso con las manos. Fue la advertencia, porque más tarde, Cho Youngwook fue embestido por Petroli y el árbitro sancionó el penal que Paik Seungho ejecutó con clase. Un 2-0 que se justificaba por el altísimo poder de fuego de los locales ante una selección que paga un altísimo costo por cada equivocación o desatención. NI el desborde de Conechny, después de la media hora intercambió la banda con Lucas Rodríguez, y el despeje comprometido del arquero Song Bumkeun que Colombatto, de frente, lanzó por encima del travesaño, le dieron oxígeno antes del descanso.


Jugó las últimas fichas Úbeda, sabiendo que el resultado lo marginaba de la Copa del Mundo y mandó a Brian Mansilla y a Marcelo Torres, titular en el debut, al campo de juego por Rodríguez y Palacios. La verticalidad de Mansilla, a veces embarullado, le dio vértigo a un conjunto que se movía a un ritmo adormecedor. Y Torres, como en el torneo sudamericano de Ecuador, en el área, resolvió frente al arquero en la primera oportunidad que le quedó, después de una habilitación ajustada de Colombatto, que se enseñó menos participativo.


Se lanzó fiereza el equipo en el complemento, Ascacibar contagió, aunque no estuvo en su mejor nivel en el torneo, agotado entre tanta competencia entre la selección y Estudiantes; creció Conechny y Mansilla fue el que energizó a todos. Lo tuvo Ponce, con un remate de cabeza, pero sacó el arquero, que respondió a falta de seis minutos ante un disparo de Conechny. Corea del Sur, a esa altura, aguantaba y poco quedaba del equipo prolijo de la primera mitad. Si los del fondo tenían que revolearla, lo hacían sin sonrojarse: la victoria, aunque terminó siendo apretada, la posicionaba en los octavos de final. Para la Argentina será el tiempo de la calculadora y de esperar algunos resultados que acompañen como en Quito, aunque depender de los milagros evidencia que algo no se está haciendo bien.


La síntesis


Corea del Sur (4-1-4-1): Song Bumkeun; Lee Youhyeon, Jeong Taewook, Lee Sangmin y Yoon Jongyu; Kim Seungwoo; Paik Seungho, Lee Jinhyun, Lee Sangheon y Lee Seungwoo; Cho Youngwook. DT: Shin Tae Yong.


Suplentes: Ahn Joonsoo, Lee Jun, Woo Chanyang, Kim Minho, Lee Jungmoon, Han Chanhee y Kang Jihun.


Cambios. ST: 7' Lee Seungmo por Lee Sangheon; 26' Lim Minhyeok por Paik Seungho y 40' Ha Seungun por Lee Jinhyun.


Amonestados: Cho Youngwook.


Argentina (4-2-3-1): Franco Petroli; Gonzalo Montiel, Juan Foyth, Marcos Senesi y Milton Valenzuela; Santiago Ascacibar y Santiago Colombatto; Tomás Conechny, Exequiel Palacios y Lucas Rodríguez; Ezequiel Ponce. DT: Claudio Úbeda.


Suplentes: Manuel Roffo, Marcelo Miño, Leonel Mosevich, Tomás Belmonte, Matías Zaracho y Ignacio Méndez.


Cambios. ST: Brian Mansilla por Rodríguez y Marcelo Torres por Palacios; 28' Matías Zaracho por Montiel.


Amonestados: Petroli y Mansilla.


Árbitro: Cüneyt Cakir, de Turquía.


Estadio: Jeonju World Cup Stadium.


FUENTE: La Nación / Redacción: Alberto Cantore
 

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